Una mañana en el juzgado

Una mañana en el juzgado

Hoy es uno de los días indicados para dirigirnos nuevamente a vosotros y es que ha sido nuestra primera (y esperemos que última) visita a los juzgados locales que existen en Malta. No se si recordáis que hace ya unos meses, nos movieron el rojito de donde lo habíamos aparcado. Por ello nos pusieron una multa por obstrucción de la calle donde estaba y la broma era de 108 euros. Al intentar solucionarlo en la comisaría, lo único que nos dijeron es que esperáramos la carta que te llega a casa y reclamáramos en el juzgado, no nos quedó otra que esperarla. La carta se hizo de rogar, pero al final llegó. Nos citaron en el día de hoy, así que a la hora que nos indicaban, hemos puesto rumbo hacia el juzgado local de San Ġwann.

Agente de policía poniendo una multa

Agente de policía poniendo una multa

Al llegar allí y sin saber las normas de vestimenta que rigen los juzgados, nos dijeron que no podíamos entrar en la sala de esas condiciones, ya que he ido en pantalón corto y camiseta. No pensábamos que sería tan formal. Nos indicaron que para entrar hay que ir en pantalón de vestir, camisa o polo, corbata y chaqueta americana. Así que hemos vuelto deprisa a casa y me he cambiado para volver y dejarlo todo solucionado hoy, ya que si no me tenían que cambiar el día. En la recepción tienen una chaqueta y corbata que suelen prestar a la gente que viene sin ellas. Yo, por supuesto, no tenía ya que cuando llegamos a Malta, no metí ninguna corbata ni americana en mi maleta.

Al final, he entrado en la sala del juzgado, que viene a ser como las que se ven en la tele pero en pequeño, con la juez en un púlpito más elevado que toda la sala y dos secretarias a los pies de ésta. Me han dicho que me sentara y en menos de un minuto, una de las secretarias ha dicho mi nombre y el caso, con lo que me he tenido que poner en pie y afirmar que era la persona implicada. Casi nada más decir que si que era yo, la juez ha resuelto el caso ya que el agente de policía que me había puesto la multa no se había personado, con lo que he quedado absuelto. Un final totalmente justo, ya que no habíamos sido los culpables de los graciosos o personajes que nos movieron el coche. Con la satisfacción de no tener que pagar, hemos vuelto a casa para pasar un día tranquilo.

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