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Día 290: ¡Hasta pronto Malta! Volveremos…

Día 290: ¡Hasta pronto Malta! Volveremos…
Mini biblioteca en la playa de Sliema

Mini biblioteca en la playa de Sliema

Como ya contamos con dos días más y el encanto de Malta hizo desaparecer el enfado que arrastrábamos por Vueling, los no vuelos, los aviones con luces de coches que sobrevuelan las fiestas reggae, las atenciones al cliente y la broma de pagar otro billete, hoy hemos decidido volver a las playas del Surfside. Pasado el mediodía hemos llegado Fran, Dei y una servidora (David ha preferido bajar más tarde) a la bahía para bañarnos, tomar el sol y picotear con galletis, Bigilla (una salsa maltesa a base de no sé muy bien qué) y unas cervezas. Recomendamos esta playa de piedras porque además de estar al lado del Surfside, local donde se celebra The Parranda, está céntrico, ofrece libros gratis para leer (en un armario bajo la torre del socorrista) y regalan unos ceniceros de playa con forma de monedero estupendos.

Después del picoteo hemos intentado buscar un pastichi mientras esperábamos el autobús que nos llevaría hasta Bugiba para ir al Café del Mar, pero no lo hemos encontrado (nos quedamos con las ganas de probarlo, que dicen que por 30 céntimos matas el hambre y encima están bastante buenos) y nos hemos pedido un bocadillo para llevar. Hemos esperado el bus número 12 pero al ver que no llegaba hemos cogido 222 con la esperanza de poder hacer transbordo en Bugibba. Finalmente ha habido una incidencia en la línea del 12 y hemos ido andando hasta el Café del Mar.  El paseo ha merecido la pena porque tomarte una botella de vino blanco y ver atardecer en la piscina «infinity» de este local no tiene precio. Hacía demasiado viento, pero no ha conseguido borrarnos la sonrisa.

Momento locura en el Café del Mar

Momento locura en el Café del Mar

A eso de las 19.00h han llegado Laura y Joana y tras terminar de ver la caída del sol, hemos decido ir a ver a Elena y Lola a bailar flamenco al Angelo’s. Allí las hemos encontrado junto a las hermanas y la madre de Lola.  Entre sevillana y sevillana, a las que me he atrevido a bailar una -descalza y sin recordarlas demasiado bien- hemos cenado una hamburguesa. Unas cuantas cervezas y la indecisión por ser la última noche, nos han llevado a «re-liarnos» en la van de Manuel, a quien hemos llamado para que supuestamente, en principio, nos llevara a casa. Como no podía ser de otra manera hemos acabado en Paceville. Lola, su hermana María, Elena, su vecino Jose, Dei, Fran y yo lo hemos dado todo «tarimeando» en el Footloose. Hemos acabado en Native. Una última noche de risas y baile que hemos coronado con unas pizzas de atún a las que ha invitado Lola.

Vídeo de una de las sevillanas que se han marcado Elena, Lola y sus hermanas, Isa y María, en el Angelo’s:

Nos quedamos con unos recuerdos increíbles, con gente a la que hemos conocido estupenda, que ya saben donde tienen casa; con una Parranda en el cuerpo (que aunque podrían haber sido dos, menos es nada); con habernos entusiasmado como niños bajo el agua, con tan sólo unas gafas y un tubo; con atardeceres espectaculares; con un moreno que esperamos tarde en irse; con picaduras de mosquitos que parecen heridas de guerra; con unos kilos de más; con un sabor a Captain Morgan y James Cook que será difícil de olvidar;  con una toalla de playa de menos que le regalamos, con mucho gusto, a María -la hermana de Lola; con un vuelo de menos y un billete de más; con menos dinero en la cuenta pero con muchas sonrisas, experiencias y ganas de volver. Pero nos quedamos sobre todo con unos anfitriones increíbles (que lo parten, que son canelita en rama- de la güena) que nos han hecho sentir como en casa: David y Dei. ¡¡¡Gracias!!!  Inhobbukhom hafna!

Día 140: La Lulu se nos va

Día 140: La Lulu se nos va

Si hay algo que no me gusta de Malta son las continuas despedidas. La mayoría de la gente que viene a Malta se toma esta aventura como algo muy temporal y en ocasiones no pasa de los dos meses, como es el caso de Lourdes, la Lulu, como a ella le gusta que le llamen. Esta malagueña salerosa vino a mediados de Enero, aunque no fue hasta hace unas tres semanas cuando empezamos a coincidir mucho con ella, justo cuando, casualidades de Malta, nos enteramos de que era la compañera de piso de nuestra Kinky. Y sólo ha necesitado tres semanas para hacerse un huequito en nuestro corazón, con su particular risa y su alegría constante.

Foto para la posteridad

Foto para la posteridad

Pues bien, esta noche teníamos su despedida en la casa que comparte con Bea en Bugibba, así que a las seis y media hemos salido de casa para comprar unas cervezas y coger el autobús. Y poco más tarde de las siete ya estábamos allí, en su bonita y acogedora casa con vistas al mar. Allí hemos tomado unas cervezas mientras terminábamos de preparar la cena. Lourdes ha preparado una ensalada de lombarda con lechuga y aguacate, yo un hummus y Bea una tortilla de patata. Tendremos que estar dos semanas sin comer tortilla de patata que, aunque nos encanta, entre unas cosas y otras, llevamos cuatro días seguidos comiéndola. Mientras terminábamos de preparar todo han llegado Carmen y Vane, a la que conocíamos de la Parranda, cómo no. La cena ha trascurrido recordando anécdotas de Malta e imaginando la nueva vida que les espera a la malagueña y su perrita Linda en Holanda. De postre, plátano con bifidus y cachimba de uva.

Después de cenar, Vane se ha ido a coger el autobús y nosotros hemos decidido quedarnos un poco más, aunque finalmente perdíamos el autobús y hemos decidido quedarnos a dormir en casa de Carmen. Así que allí hemos seguido un rato más disfrutando de las canciones de Carmen y Bea con la guitarra, que sacaban la parte más sensible de Lourdes. Para acabar con alegría, se han marcado estas míticas sevillanas. Y es que es cierto: «Algo se muere en alma cuando un amigo se va».