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Día 299: Una peoná pa’ llegar a Marsaskala

Día 299: Una peoná pa’ llegar a Marsaskala

Según nuestra amiga Lola, una ‘peoná» es cuando algo te cuesta mucho o empleas mucho tiempo y esfuerzo en hacerlo. El termino vendría a ser un sinónimo de ‘jornal’, ahora adaptado a los tiempos modernos. Pues bien, eso es lo que me ha pasado a mí hoy, que ha sido una peoná el llegar hasta Marsaskala, donde había quedado con Laura, Cristina, Elena y visitantes para ir al Zion, el bar de reggae que hay allí. Como ellos iban a pasar la tarde en St Peter’s Pool, no ha salido de casa hasta las siete y media.

St Thomas Bay (Marsaskala)

St Thomas Bay (Marsaskala)

Lo primero que he hecho ha sido esperar el autobús 24, que me llevaba hasta el Mater Dei. He tenido que esperar por lo menos 20 minutos, aunque en unos 15 ya estaba allí. Una vez he llegado al Mater Dei, me he dado cuenta de que el autobús que tenía que coger, el 204, acaba de pasar y no iba a volver a hacerlo hasta dentro de una hora, con lo que me he puesto a mirar otras opciones. Mirando los recorridos, me he dado cuenta de que el 135 también me llevaba hasta allí,  eso sí, tardaba más de una hora en llegar, mientras que con el otro eran 40 minutos. Al final calculando, me he dado cuenta de que llegaría antes con el 135, al que he tenido que esperar 20 minutos, que con el 204, al que tendría que esperar una hora. En fin, más que elegir ninguna opción daban ganas de volverse a casa, pero no quería que el transporte supusiera un obstáculo para desarrollar mis planes de hoy.

Después de las dos horas de autobús, entre trayectos y esperas, llego a Marsaskala y me pongo a preguntar dónde está el Zion, ya que las otras veces que he ido, lo he hecho coche con David. Pues bien, la gente empieza a poner cara de póker y cuando por fin encuentro a alguien que sabe de qué le habló, me dice que estoy lejísimos, como a una hora andando por la costa, ya que el bar realmente se encuentra en St Thomas Bay, otra zona de Marsaskala. Pues bien, me he puesto manos a la obra, porque ya que estaba allí, no me iba a volver a casa. Al final preguntando he conseguido atajar un poco, pero vamos, que mínimo 40 minutos andando me he tirado.

Con Cristina en el Zion

Con Cristina en el Zion

Después de casi tres horas para recorrer una distancia de lo que en línea recta serían unos 5km, por fin he llegado a la meta. Lo primero que he hecho al llegar al Zion, pasadas las diez de la noche, ha sido buscar a estos. Ellos tampoco habían llegado mucho antes, porque también han tenido su peculiar odisea con las van maltesas, así que iban a cenar y yo me he unido a ellos, que después del recorrido, necesitaba reponer fuerzas. Yo me he decidido por una hamburguesa vegetariana, que me ha costado 5€ con patatas. Para beber, cómo no, una Cisk (1,50€). La verdad es que la hamburguesa, aunque tampoco era nada del otro mundo, me ha sabido bien. Una vez hemos terminado, hemos entrado al concierto, por el que había que pagar 3€, aunque cuando hemos entrado ya se había terminado.

Allí hemos estado a ver si empezaba otro grupo, pero al ver que no ha sido sido, hemos bailado un poco de reggae y hemos decidido volvernos a casa, que estábamos todos reventados. Para volver hemos decidido hacerlo en van (4€ por cabeza). Nos ha dicho que en 20 minutos nos recogía, pero al final hemos tenido que esperarle más de una hora. Para más inri, le llamamos por teléfono para ver dónde estaba, después de 20 minutos esperando, y nos echa la bronca diciendo que nos estaba buscando. Totalmente mentira porque ha tardado como 40 minutos más. En fin, por lo menos nos hemos echado unas risas con estas situaciones surrealistas.

Día 292: Pool party y despedida en Valletta

Día 292: Pool party y despedida en Valletta

Reventados del sábado y de las obras que durante la semana tenemos al lado de casa, hoy domingo sólo podíamos dormir del tirón. Así ha sido, nos hemos levantado bastante tarde pero era totalmente merecido. Una vez que hemos conseguido levantarnos y después de comer algo, teníamos dos planes para la tarde, una pool party y la despedida de Ramón, que después de pasar unos meses por Malta, pone rumbo a Dinamarca para empezar una nueva etapa, sin descartar volver a la isla.

Dispuestos a cumplir con los dos planes para hoy, hos hemos ido al Bamba Beach, que está muy cerca de Ill-Fortizza en el paseo de Sliema. Allí se celebraba la pool party que organizan Ruth y Jose y en la que ya estuvimos en la fiesta de inauguración. Justo en esa fiesta, grabaron imágenes para hacer un vídeo promocional en el cual salimos. Os lo dejamos para que lo veáis:


Allí hemos estado con Mayte y unos amigos de Ruth que han venido a pasar unos días por la isla. También hemos visto a muchas caras conocida, parece que hoy nos habíamos puesto de acuerdo todos para ir, ya que conocíamos a casi todo el mundo.

Sobre las nueve, nos hemos puesto rumbo a Valletta. Como tenemos el Austin Mini, más conocido como el Rojito, en el taller, hemos tenido que coger el bus 12 para ir a la capital. En este momento en el que no tenemos el coche, es cuando nos damos cuenta de el gran uso que hace en esta isla. Lo hemos sufrido durante todo el fin de semana y los días que han estado Lola y Fran. Hoy no me quejo porque tardara mucho en llegar, si no porque llevaba el aire acondicionado como si estuviéramos en el polo norte.

Despedida de Ramón

Despedida de Ramón

Al final hemos llegado a Valletta y ya estaba toda la pandilla de voluntarios a la entrada para ir al lugar en el que habíamos quedado todos juntos. La cita era junto al Valletta United Waterpolo Pitch y el Zmerc Pub. Se encuentra muy cerca de la concatedral y del Monalizza y es una zona de pequeños bares y ambiente maltés, no muy transitados, pero con unas vistas a Sliema Ferries que merecen la pena. Hemos cenado allí, en una pequeña zona de baño que se encuentra entre los dos locales. Ramón y dos compañeras más habían preparado mojito y comida vegetariana para despedirse. Todo estaba muy bueno y con esas vistas y la compañía, todo sabía mejor aún. Hacía las once, las López, Elena y yo nos hemos ido a coger el último bus para volver a casa y aún se ha quedado mucha gente por allí, Dei entre ellos. Ramón, esperamos que todo vaya muy bien por Dinamarca.

 

Día 248: Playa de Mellieha

Día 248: Playa de Mellieha

Después de 248 días aún nos siguen quedando muchos sitios por visitar, a pesar de que nos hemos movido mucho por la isla. Por unas cosas o por otras, nunca habíamos estado en Mellieha ni en su playa. Mellieha es la ciudad que queda más al norte de la isla y está enclavada en la cima de una montaña quedando la playa en una de las laderas. Habíamos pasado muchas veces cerca, ya que pilla de paso para ir a Ċirkewwa, que es el puerto donde se cogen los ferries para ir a Gozo y las lanchas para Comino.

Mellieha

Mellieha

Hoy por fin nos hemos decidido a pasar la tarde en esta playa de la que nos habían comentado que es la más concurrida de Malta, además de la más grande. Desde St. Julians se puede llegar con el autobús 222, pero nosotros hemos ido en el Rojito. Hemos podido aparcar cerca de la playa sin problemas, y eso que la playa estaba abarrotada, sobre todo de sombrillas y hamacas, cosa que no nos gustó demasiado, ya que le quita encanto. Eso sí, la playa es de arena fina y el agua está muy limpia, aunque para que te cubra tienes que caminar bastante. Tiene chiringuitos en los que puedes comer a pie de playa por poco dinero. En uno de ellos hemos comprado una ftira maltesa y una bebida por unos 3 euros.

Sobre las seis y media, cuando ya se había ido la mayoría de la gente de la playa, hemos llamado a Carmen para ver si tenían algún plan, ya que han venido a visitarla otros tres amigos de Madrid. Nos ha dicho que nos acercáramos a su casa, así que nos hemos puesto rumbo a Bugibba y hemos dejado la visita a la ciudad de Mellieha para otra ocasión. Lo que iba a ser una visitilla, se ha alargado hasta bien entrada la noche, ya que nos han tratado a cuerpo de rey, hasta nos han cocinado unas lubinas al horno que estaban riquísimas. Hemos pasado un buen rato con ellos sin movernos de casa, a veces los planes que surgen espontáneos son los mejores.

Día 247: El viaje de vuelta

Día 247: El viaje de vuelta

Después de una semana en España, hoy ya tocaba volver a la isla. La verdad es que el viaje se me ha hecho bastante corto, pero tengo que decir que lo he aprovechado muy bien y he disfrutado mucho del tiempo con mi familia y mis amigos. La sorpresa para mi padre, que se jubila durante estos días, salió según lo esperado gracias a la complicidad de mis hermanos. También he tenido tiempo para estar con mi sobri, que ya está enorme y super cambiado desde que lo vi cuando nació hace dos meses, hasta he ido con él a un curso de masaje para bebés.

Con mi sobri Samuel

Con mi sobri Samuel

Hoy para ir al aeropuerto de Barajas he optado por la opción de ir en el autobús 200, que va mucho más directo y además sólo cuesta 1,50€ y no el robo de 5€ que supone ir en metro. He salido desde Avenida de América y en poco más de media hora estaba en la Terminal 1, desde donde siempre salen los vuelos de Ryanair. Con la mochila ha reventar, he pasado el control sin ningún problema y cuando he llegado a la puerta de embarque me he encontrado a Sofía, que también volvía a la isla después de pasar unos días en España. Siempre es una alegría encontrarte a algún conocido en el aeropuerto y hacer el viaje juntos, la verdad es que en los vuelos a Malta es raro que esto no pase.

El viaje ha durado poco más de dos horas y la mayor parte lo hemos pasado durmiendo, así que se nos ha hecho cortísimo. Cuando hemos llegado, allí estaba David con el Rojito y con María, que había ido a despedir a sus padres, ya que después de estar unos días visitándola, hoy volvían para España. Los cuatro y las dos maletas, nos hemos metido rumbo a Sliema, donde hemos dejado a Sofía y María, y después hemos continuado hacia Balluta Bay. Tengo que decir que me encanta la sensación de entrar por la puerta de mi casa de Malta, que es la que ahora siento como un hogar.

Por la noche hemos ido a ver la semifinal de la Copa de Confederaciones con la family. La idea era verlo en alguna terraza, pero como estaba todo aborrotado, lo hemos visto dentro del Times Square, un bar que está situado justo enfrente del Fortizza. Allí hemos aguantado como campeones, el partido, la prórroga y los penaltis, pero al final ha merecido la pena por el resultado. En cuanto ha terminado nos hemos ido a casa, que después del viaje de vuelta, necesitaba descansar.

Día 232: La Aventura de Sicilia

Día 232: La Aventura de Sicilia

Después de unos días fantásticos hoy nos tocaba la vuelta a Malta. Como hemos llegado al filo de la media noche, no os podemos relatar hoy muchas cosas sobre la isla, pero ya que Sicilia es un viaje casi obligado para los que os decidís a venir a vivir aquí, os vamos ha hacer un pequeño resumen de nuestro viaje por tierras sicilianas.

Catania

Catania

Día 1: Catania. Llegamos al aeropuerto de Catania, que se llama Fontanarossa, sobre las cinco de la tarde. Nada más salir de la terminal, hay una pequeña parada de autobuses que llevan hacia la ciudad. Sólo por un euro, el autobús 547 de la compañia AMT, que es la que realiza los traslados urbanos, nos dejó en la Piazza Falcome e Borsellino. Una vez allí fue muy sencillo llegar a nuestro primer hotel que se llamaba Ágora, que se encuentra en la piazza Curra. Esta muy cerca del centro y la plaza tiene mucha animación, por lo menos el viernes, que es el día que llegamos. Como estábamos cansado fuimos a dar una vuelta por el centro sin separarnos de la Via Etnea, que es la calle principal y que parte de la plaza de la Catedral. Para terminar la primera noche, fuimos a la Piazza Bellini ya que nos habían recomendado comernos un helado allí, no me defraudó.

 

Playa Villaggio Europeo

Playa Villaggio Europeo

Día 2: A la playa. En nuestro segundo día, decidimos ir con los petates dirección a la playa, ya que hacía un día espectacular. Así que mirando en Booking, encontramos el Villaggio Turístico Europeo, que era un camping con bungalós que se encontraba dentro de una zona protegida, a unos ocho kilómetros de Catania. Para llegar allí se podía coger el bus D o 427 desde la estación de la Piazza Falcome e Borsellino. Cuando llegamos allí, nos lo encontramos mucho mejor de lo que esperamos, ya que los bungalós estaban muy bien, eran modernos y el nuestro estaba justo al lado de la playa. Vamos un auténtico lujazo. El único problema es que no había un supermercado cerca, por lo que tuvimos que comprar las cosas para comer en el único restaurante que había en el camping y, además de ser un poco caro, no tenía mucha variedad. Las playas están muy bien, son de arena blanca y tienen vistas al Etna. Entrada la tarde, pusimos de nuevo rumbo a Catanía para cenar y perdernos entre su calles. Primero fuimos por el mercadillo que ponen todos los días alrededor de la Piazza Carlo Alberto y después fuimos a tomar aperitivo por los barecitos que hay cerca de Piazza Spirito Santo. El apertivo es algo muy típico de Italia, pero a diferencia de España, ellos lo toman por la tarde, como a partir de las seis. Nosotros nos decidimos por un bar con terraza que estaba en esta zona, el aperitivo italiano no fue caro, pero nos clavaron en las bebidas. Ya casi a media noche, nos volvimos para el camping, con la mala suerte de que nos habían indicado mal los horarios. Los autobuses para la playa terminan a las diez de la noche y no a las doce como nos dijeron, por lo que tuvimos que coger un autobús que nos acercara al principio de la avenida de la playa, y luego nos tocó andar como cinco o seis kilómetros por la carretera, de noche y con un montón de coches pasando. No había ningún taxi y os aseguramos que el trayecto no fue nada agradable.

Bungaló

Bungaló

Día 3: Seguimos en la playa. Después de la experiencia de la noche anterior, decidimos pasar este día de relax por la playa y tomar algo por sus chiringuitos. Estuvimos en uno que está justo al lado derecho del camping según miras al mar. Había música en directo y, para nuestra sorpresa, escuchamos alguna canción de Manu Chao. Por la noche, también fuimos a un restaurante que se encontraba al lado, a menos de 5 minutos andando, esta vez en el lado izquierdo y en el que las pizzas estaban muy buenas. Después nos hubiera gustado salir a tomar algo, pero a diferencia de ayer, al ser domingo, hoy no había fiestas en los lidos, que son las playas privadas que abarrotan esta zona de Catania. También hay playas libres, pero son las que menos.

Vistas desde el puerto Siracusa

Vistas desde el puerto Siracusa

Día 4: Siracusa. Como pensábamos que Catania no daba más de sí, decidimos movernos a esta ciudad que se encuentra más al sur de la isla. Así que nos fuimos a la estación de trenes y autobuses con el 427. Allí pillamos el un autobús con la compañía Interbus que nos llevaba a Siracusa. El viaje cuesta 7 euros y tiene una duración de, más o menos, una hora y veinte minutos.  Allí cogimos la noche en los Apartamentos Eos, esta vez con Hostelworld. El apartamento estaba genial, no estaba dentro de Ortiga, que es el centro de Siracusa, pero estaba a tan sólo cinco minutos andando y al lado de la estación de autobús. El dueño es encantador y no nos puso ningún inconveniente al no tener el DNI, ya que nos lo habíamos olvidado en el Villaggio Europero, otra nueva historia. Llegamos con tanta hambre que lo primero que hicimos fue bajar a Ortiga a intentar comer. Nos quedamos al comienzo de esta parte de la ciudad, muy cerca de los puentes que conectan con el resto. Esta parte es un poco cara, y como llegamos bastante tarde, solo tenían pizza.

Nos volvimos a casa, con la idea de descansar un poco y hacer un poco de compra para aprovechar el apartamento. Muy cerca de él, se encuentra un supermercado que se llama Siris, en unos 3 o 4 minutos has llegado.  Después de la compra, volvimos a adentrarnos por el centro histórico. El centro de Siracusa es espectacular, sus vistas al mar son una delicia, sobre todo en el anochecer, momento en el que el cielo coge un tono rosa espectacular. Perderse por sus calles es algo obligado. Muy recomendable visitar esta ciudad. Además existe unos viajes en barca que te enseñan todos los alrededores de la ciudad, en los que existen multitud de cuevas y en los que se puede ver las  diferentes tonalidades del agua.  Perdidos durante varias horas y con los pies destrozados, nos volvimos a disfrutar de una cena en la terraza del apartamento, a base tostadas de salmón con philadelphia, prosciutto con tomate y unos pinchos de pollo con verduras.

Día 5: Taormina. Por la mañana teníamos que decidir si quedarnos a ver las ruinas romanas de Siracusa o irnos a Taormina, ciudad de la que habíamos visto unas fotos que nos incitaban a visitarla. Nos decidimos por este último plan, ya que además teníamos que recuperar los DNI que nos dejamos en el camping. Así que hicimos el camino de regreso a Catania, recuperamos la documentación, eso sí, perdiendo más de una hora cogiendo de nuevo el autobús a la playa, y fuimos de nuevo a la estación de autobús cerca de la estación de tren. Esta vez el billete, nos costó menos de 5 euros y el viaje duró alrededor de una hora y diez minutos. No os durmáis en el trayecto, ya que las vistas son muy bonitas. Se encuentra en la parte norte de la isla y está situada en una zona alta al lado del mar, por lo que las vistas desde allí son magníficas. Es la más pequeña de las tres ciudades que hemos visto, pero tal vez la que más encanto tiene. Estuvimos alojados en Hotel Elios, que se encuentra en una de las orillas de la ciudad, y esta bien situado ya que al centro solo tardas cinco minutos andando. No es gran cosa, quizás el peor de todos los establecimientos que hemos estado y el más caro, ya que Taormina es una ciudad excesivamente turística, pero el personal es simpático y en su terraza puedes seguir descubriendo las hermosas vistas.

Vistas desde anfiteatro Taormina

Vistas desde el anfiteatro Taormina

Después de instalarnos, salimos por sus estrechas y bellas calles y nos dirigimos al centro. Allí cogimos la vía Greco para ir a anfiteatro greco-romano. La entrada cuesta 8 euros y merece mucho la pena entrar por las vistas, ya que como monumento está bastante mal conservado, existen anfiteatros mucho mejores, como el de Mérida. Después de la visita, nos fuimos a la calle principal y estuvimos viendo todas las tiendas, bares, la catedral,… que se encuentran en la calle Corso Umberto. Es una de las cosas imprescindibles que hay que hacer en la ciudad. Al final del paseo nos sentamos en la terraza del Carpe Diem, que aunque al verlo da sensación de ser un sitio caro, era todo lo contrario, de lo más barato que encontramos en Taormina. Además, es un sitio muy acogedor, fue un gusto tomarnos una cerveza y una tosta sentados en un sofá en mitad de la calle. Después de esta merienda, nos retiramos a descansar al hotel. Para terminar el día, salimos a cenar a un pequeño restaurante que está en el extremo izquierdo de Corso Umberto, una vez pasada la puerta de piedra. Se llama Trattoria Rosticepi, cenamos bien pero tampoco es muy allá. Nos lo recomendaron los del hotel como bueno y barato, aunque el motivo real seguramente fuera otro. Los platos no estaban mal de precio pero eran un poco escasos, aunque seguramente fuera de lo más económico, ya que dentro de la ciudad por menos de 20 euros por persona es imposible. Después dimos la última vuelta por sus calles y nos tomamos un helado antes de irnos a descansar.

Playa de Taormina

Playa de Taormina

Día 6: Vuelta a casa. Vimos a nuestra llegada que en el hotel proporcionaban una excursión programada a uno de los lidos (playas privadas) que hay en la costa, cerca de la ciudad. El caso es que en Sicilia la mayoría de playas son privadas, nos paso en Catania y volvió a pasarnos en Taormina. Así que decidimos cogerla para ir a la playa el último día sin tener que quebrarnos mucho la cabeza. Por 8 euros, nos incluía el traslado, el derecho a la playa con hamaca y sombrilla  y una bebida de bienvenida. Allí estuvimos muy relajados torrándonos al sol, ya que no nos pudimos meter al mar porque había muchas medusas. Las playas de esta zona tienen muchas piedrecitas, no son de arena fina. Como a las cinco de la tarde, nos llevaron de vuelta al hotel, donde nos habían guardado las maletas sin ningún problema. Dimos la última vuelta por la ciudad, esta vez descubriendo los Trevelyan Gardens, unos jardines muy bonitos y bien cuidados que estaban situados al lado del hotel. Después pasamos a recoger nuestra maleta y nos fuimos a la estación a coger el autobús que nos llevaba directos al aeropuerto. En este caso nos costó 8 euros,  cosa que no entendemos, ya que venir nos costó sólo 5 y de Catania al Aeropuerto fue sólo 1 euro. No tuvimos ningún problema y llegamos a la hora prevista al aeropuerto para volver a Malta.

Al aeropuerto de Malta hemos llegado a las doce menos cuarto, por lo que ya los autobuses no pasaban y tuvimos que cogernos una van de la empresa Malta Transfer para que nos trajera a casa. Normalmente estas van hay que reservarlas en el origen o antes de salir por la puerta de llegadas, pero nosotros fuimos directamente una vez llegamos y coló. El viaje nos salió por 15 euros entre los dos, bastante más barato que el taxi, que cuesta 20.

Día 176: De vuelta otra vez

Día 176: De vuelta otra vez

Después de una semana en España, hoy tocaba volver a Malta. Ha sido una semana en la que he disfrutado mucho, sobre todo de mi familia. Ahora somos uno más y tenía que aprovechar el tiempo, que cuando vuelva, seguro que el pequeño Samuel ya no será tan pequeño. Menos mal que sólo he estado una semana, porque mi hermano y María no sé si habrían aguantado más, ya que me han tenido de ocupa en su casa todos los días. También he podido ver a mi gato Yoru y disfrutar de cañas y buenos momentos con mis amigos, aunque no he podido ver a todos. Lo peor de todo ha sido la despedida, esta vez me ha dado más pena que nunca, aunque sé que no tardaré en volver.

Llegando a Malta

Llegando a Malta

A las dos del mediodía salía el avión que nos traería de vuelta a la isla y allí estábamos un poco antes esperando en la cola de embarque, donde nos hemos encontrado con Jorge y Nadia, con los que también coincidimos en el viaje de ida. Durante el vuelo también hemos conocido a un grupo de cinco chicos españoles que venían de vacaciones. El viaje hoy ha durado menos de lo habitual y a las cinco menos cuarto ya estábamos tocando suelo maltés. Cuando hemos bajado del avión, nos hemos encontrado con un sol espléndido, que se ha echado de menos estos días en España.

Para volver a casa, hemos optado por la opción más económica, el autobús, aunque en lugar de coger el X2, que es la opción directa a St Julian’s, hemos cogido el X7 a Valletta para evitar dar tanta vuelta. Una vez en Valletta hemos cogido el 21, que nos ha dejado justo al lado de casa. Cuando hemos llegado hemos estado poniéndonos un poco al día con todos los correos que teníamos sin contestar y enseguida nos hemos preparado para la Parranda de por la noche.

Hoy pensábamos que no vendría mucha gente, dado que el sábado tenemos la gran fiesta del Surfside, pero al final  nos hemos sorprendido y sí que ha venido gentecilla. Entre ellos, el grupo de cinco chicos que hemos conocido el avión, que han llegado porque casualmente se alojaban en el hotel en el que trabaja Valentín, que como es muy fiel de la Parranda les ha mandado para allá. El mundo es un pañuelo y Malta más. Cuando hemos cerrado, para seguir con las viejas costumbres, hemos ido a tomar la última copita al Native. Allí la verdad es que he pasado un rato muy bueno echándome unas risas con Inma, a la que hacía mucho tiempo que no veía.

Os dejo con el vídeo de promoción de la fiesta que hacemos el sábado en Surfside. ¡No faltéis!

Día 109: Vuelta al castillo

Día 109: Vuelta al castillo

Aunque ayer no terminamos la noche demasiado tarde, nos hemos levantado ya rozando el mediodía y la mañana ha transcurrido sin mucha actividad. Por la tarde ha caído una gran tormenta que me ha impedido ir a comprar los ingredientes para hacer una empanada y llevarla a la cena que teníamos en el castillo, la impresionante casa de Laura y Cristina en Birkirkara. Así que en lugar de eso, en el momento que ha escampado, he pasado rápidamente por el Towers a comprar una pizza y unas cervezas, y de ahí he ido directamente a esperar el autobús.

Para ir a Birkirkara desde St Julian’s o Sliema, la opción directa es el 202 o el 203, se van alternando, cada media hora pasa uno. Debe ser que he llegado justo cuando acababa de pasar, porque me ha tocado esperar prácticamente media hora bajo el frío que hacía esta noche después de la tormenta. Justo antes de que llegara, me he encontrado con Toni que salía del gimnasio y se ha venido conmigo en el autobús hasta Sliema. Yo he continuado hasta Birkirkara, en total el trayecto habrá sido de una media hora, que si la sumamos a la media que me ha tocado esperar, es una hora. Una hora para hacer una distancia de apenas 5 kilómetros. Para que comprendáis como funciona el transporte en Malta.

Pizza al baño María

Pizza al baño María

Una vez me he bajado del autobús, aunque más o menos me acordaba de dónde estaba el castillo, he hecho una llamada de confirmación para ver si estaba andando en la dirección correcta. Y sí, tras cinco minutillos andando desde la parada, por fin he llegado al caserón de Laura y Cristina. Allí había ya un montón de gente, entre ellos Carmen, Bea, Alberto, Julia, los compañeros de Laura y Cristina y mucha gente que conocíamos de la otra vez que estuvimos en la casa. Un poco más tarde ha llegado Ana (Paredes) con su novio, así que estábamos casi al completo.

La noche ha transcurrido entre la cocina y uno de los salones de la casa, con cerveza, vino y algo de picar. La anécdota divertida de la noche ha tenido lugar cuando he aparecido yo tan feliz con mis pizzas congeladas y me han dicho que el horno no funcionaba, así que como tampoco tenían microhondas, Laura ha decidido inventarse una receta, la pizza al baño María. Y tengo que decir que después de media hora haciéndose, las pizzas han quedado muy ricas, hasta estaban crujientes y todo. Después del experimento, hemos tenido la suerte de que Carmen y Bea tocaran y cantaran para nosotros y, una vez más, ha sido un regalo.

A eso de las dos, como salía el último coche que nos podía dejar en St Julian’s, hemos abandonado el castillo y, un poco animados por el vino, Bea y yo hemos decidido que queríamos alargar un poco la noche. Así que Julia nos ha dejado en Paceville a los dos y hemos ido a tomar algo al Coconut. Yo nunca había estado en este sitio, está justo enfrente del Prestige y no estaba mal, aunque no había casi nadie. Ponen música rock y la bebida parece bastante barata, hemos pedido una jarra de ron con Coca-Cola y nos ha costado algo más de 13 euros. Después hemos ido al Native, aunque no hemos aguantado mucho allí, y por último, hemos ido al Clique, otro sitio en el que tampoco había estado nunca. Me habían hablado muchas veces de él como un antro y bueno, es bastante antro pero menos de lo que esperaba, aunque sí que es verdad que la gente está un poco desfasada. La música es electrónica, bastante cañera y bastante alta, pero la verdad es que nos ha gustado. Además nos hemos encontrado con María y Emma y allí hemos estado bailando hasta que me he quedado sin pilas y he sido el primero en abandonar.

Día 95: Chai y tarta de chocolate en Gharghur

Día 95: Chai y tarta de chocolate en Gharghur

Después de la fiesta de ayer, hoy nos hemos tirado durmiendo hasta las cuatro de la tarde. De hecho teníamos una reunión a las 12:30 y se nos ha olvidado completamente, así que hemos tenido que posponerla para la semana que viene. Carmen había quedado por la tarde para ir al cine con el hijo de una de las refugiadas de la ONG en la que trabaja y, por no pasar toda la tarde vegetando en casa, he decidido irme con ella.

Gharghur

Gharghur

Cuando hemos salido de casa, pasadas las cinco, Carmen ha llamado al chaval para confirmar que habíamos quedado, pero nada, el teléfono lo ha cogido la madre diciendo que se había ido a jugar al fútbol. Así que hemos tenido que cambiar de plan y en lugar de ir al cine, hemos decidido ir a visitar a Ana a su casa. Ana vive en Gharghur, justo al lado de Naxxar, así que para ir desde Balluta Bay teníamos que coger el 225 hasta Naxxar y allí coger otro autobús o caminar. Después de estar casi una hora esperando el dichoso autobús, confirmando que es la línea que peor funciona de todas, hemos comprado nuestro billete y en algo menos de media hora estábamos llegando a Naxxar. Una vez allí, hemos caminado unos quince minutos para llegar a la casa de Ana en Gharghur. Gharghur es una pequeña villa de Malta situada en la cima de una colina, durante el camino parecía como si de repente nos hubiéramos teletransportado a algún pueblo de España, con unas vistas muy bonitas llenas de piedras y con las calles bañadas por el olor a leña.

Cuando hemos llegado, Ana nos ha recibido con una riquísima tarta de chocolate y chai que ella misma había hecho. Y allí hemos estado charlando, sobre todo comentando la noche anterior. Después de una hora, con el cuerpo un poco más recompuesto, nos hemos despedido de Ana y nos hemos subido en el coche de Carmen, que lo tenía aparcado allí desde ayer. Desde allí hemos partido hacia Buggiba, para no tener que ir otra vez hasta St Julian’s, hemos decidido que me quedaba allí a dormir. Una vez allí, hemos cenado una pizza muy rica hecha por Carmen y nos hemos puesto a ver la película española «Una ciudad sin límites», película bastante peculiar que no sé si me ha gustado o no. Realmente no he conseguido verla entera, ya que me he quedado dormido antes de que acabara.