Día 274: Charangas y calles engalanadas

Día 274: Charangas y calles engalanadas

Hemos tenido la suerte de que en nuestra casa, por la mañana no hace demasiado calor, pero cuando cae la tarde, pega el sol en la parte trasera de la casa y ahí si se hace más insoportable. El ventilador es ya algo indispensable, y evitamos poner el aire acondicionado para no llevarnos sorpresas con la factura de la luz. Por eso, últimamente estamos aprovechando las mañanas en casa y ya por la tarde salimos para no asarnos. La única salida que he hecho durante la mañana de hoy ha sido para cobrar un cheque en el Bank of Valletta, que por cosas de los bancos de aquí, sólo se pueden cobrar hasta las doce de la mañana.

Por la tarde hemos ido al Surfside a recoger los banderines que nos dejamos puestos después de la Parranda del sábado, que a ver quien se pone a recogerlos a las tres de la mañana. También teníamos que recoger el sillón del coche en el que actuó Carmen hace ya un mes. Una vez que hemos recogido todo, ya que estábamos por allí, hemos aprovechado para ir un rato a la playa. Allí nos hemos encontrado con Marcos, y hemos estado aprovechando los últimos rayos de sol hasta que se ha ocultado entre los edificios. Después nos hemos venido a casa a ducharnos, ya que   por la noche teníamos una barbacoa en la misma playa.

Nuestra calle

Nuestra calle

Una vez duchados, hemos salido a la calle y una banda de música, al más estilo charanga de pueblo, estaba recorriendo las calles de nuestro barrio. Imaginamos que son las fiestas, ya que tienen todas las calles engalanadas, aunque tampoco tenían mucha animación. Después de dar mogollón de vueltas para poder aparcar cerca de la playa del Surfside, hemos conseguido un hueco y cuando hemos llegado ya nos estaban esperando Maite y sus amigos, que han venido unos días desde Murcia, y también Ruth y Jose. Jose se ha hecho cargo de cocinar, mientras nosotros nos comíamos las delicias que nos preparaba. Ha sido una barbacoa express, ya que el equipo murciano tenía que pasar por casa a ducharse para darlo todo por Paceville en su última noche en Malta. Sobre las once y media ya estábamos en casa, muy buena hora para poder descansar, que mañana a las siete nos esperan con los picos y los gritos nuestros amigos los obreros.

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