Día 218: Cinco personas y una mesa

Día 218: Cinco personas y una mesa

Hoy por la mañana queríamos hacer varias cosas pero al final no hemos hecho casi ninguna, ya que teníamos bastante trabajo acumulado y teníamos que ponernos al día. Uno de nuestros planes era ir al Festival Fair Trade and Social Exclusion que se celebraba en Valletta con motivo del Día Internacional del Comercio Justo y el Día de la Liberación de África. En el festival se organizaban varias actividades, como venta de productos de comercio justo, conciertos, actividades para niños,… Estaba organizado por nuestros amigos los voluntarios europeos (Cristina, Laura, Piotr, Marco, Elena, Lola,…) y participaban diferentes organizaciones de Malta.

Como en una limusina

Como en una limusina

Nos hubiera encantado ir, pero al final se nos ha echado la hora encima y nos ha dado la hora de comer, así que nos hemos ido al plan que nos había propuesto Valentín. La idea empezó como una barbacoa multitudinaria en su casa, derivó en pedir pizzas y comer en el patio que tienen y finalmente ha terminado por ser una reunión de cinco amigos intentando pedir pizzas al Pizza Hut contrarreloj sin ningún éxito. David y yo teníamos que estar a las cinco en el Surfside y después de una hora esperando las pizzas, hemos decidido cancelar el pedido e irnos a comer allí. Así que nos hemos metido los cinco en el mini como hemos podido, encajándonos en la parte de atrás con la mesa que habíamos comprado para The Cañeo. Sin duda, un momento digno para el mítico programa “¿Qué apostamos?”.

Con mi Lola

Con mi Lola

Misión cumplida. A eso de las cinco hemos llegado al Surfside y hemos pedido allí unas pizzas para comer sentados en la terraza y disfrutando de las pizzas. Enseguida Valentín y sus amigos, Esteban y Bea, se han tenido que ir a la Boat Party para la que tenían tickets. Nosotros hemos esperado un poco para empezar la Parranda, ya que nos hemos topado con una despedida de soltera bastante peculiar. Una vez ha llegado la Kinky Blonde, la música de The Parranda ha empezado a sonar y hasta la madre de la novia se ha bailado unas buenas rumbas. Ya por la noche, como hacía un poco de frío, hemos decidido trasladar el campamento a la parte de dentro y allí hemos estado hasta las dos y media gozándolo.

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