Día 156: De Birgu a Paceville

Día 156: De Birgu a Paceville

Esta tarde, David, uno de los voluntarios, nos había convocado en Birgu para hacer una cena en su casa. A eso de las seis, hemos pasado a recoger a Laura y Cristina y de paso, conocer su nueva casa. Hace unas semanas, por fin dejaron el castillo, la famosa maisonette en la que hemos hecho tantos eventos. El cambio ha sido a mejor, ya que, aunque su antigua casa de Birkirkara era impresionante, por su tamaño, su decoración antigua y su terraza, la de ahora es mucho más acogedora y está mucho mejor situada, en Msida, a cinco minutos del mar.

Preparados para salir

Cena en Birgu

Una vez echado el ojo a su nuevo hogar, como hemos podido, nos hemos metido en el rojito. A Laura, bautizada temporalmente como “la duquesita”, la hemos dejado delante porque iba con muletas y, aunque le ha costado un poco meterse, nos hemos apañado bien. En unos quince minutos estábamos en Birgu y allí ya estaba David junto con Selina y Adina, dos voluntarias alemanas. Mientras esperábamos, hemos empezado a jugar a un juego de cartas muy parecido al que en España llamamos “culo”. Creo que ha sido la primera vez que jugaba a las cartas en otro idioma y la verdad es que la experiencia ha sido divertida. Enseguida han llegado Alessia y Alberto con la compra de la cena y la bebida, y al rato también se nos ha incorporado Marco, el compañero de piso y voluntariado de Laura y Cristina. Hoy la verdad es que estábamos un poco vagos y hemos dejado que nos hicieran la cena Alberto, David y Alessia.

Después de cenar, hemos seguido bebiendo algo y poniendo en común, con los italianos Alessia y Marco, los grupos y programas de televisión que eran famosos tanto en Italia como en España. Pensábamos que conocían a las Mamachicho, pero para nuestra sorpresa, nos empezaron a mirar raro cuando les hablamos del tema. Después de ver algunos vídeos frikis, llegó Ángela y nos fuimos repartidos en dos coches hasta Paceville. De camino, dejamos a Laura en su casa, que aunque es una valiente, era un poco peligroso meterse en la boca del lobo con sus muletas. El camino ha estado amenizado por los temazos que nos hemos marcado Cristina y yo, a falta de radiocassette buenas son gargantas.

La segunda parada de la noche fue el Playground, una discoteca bastante peculiar en la que nunca habíamos estado, que está situada en la calle del casino Dragonara. La entrada era un largo pasillo que daba la sensación de cueva. El sitio por dentro era bastante antro, aunque está bien conocer cosas diferentes. Si no fuera porque los djs no estaban teniendo su mejor noche con el drum and bass, nos habríamos quedado más tiempo, pero un mini grupo formado por Ángela, Cristina, David y yo, decidimos desertar antes de que fuera demasiado tarde. Así que, como no podía ser de otra forma, hemos terminado la noche entre el Native y el Footloose. Nos quejamos siempre del Native, pero tiene algo que nos hace volver una y otra vez. ¿Qué será?

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