Día 151: Gozando en Gozo

Día 151: Gozando en Gozo

Como ya es costumbre en este viaje, he sido la primera en levantarme, y vaya despertar… Un cielo gris es lo que se podía ver a través de la ventana y las primeras gotas empezaban a caer. Con la esperanza de que el día mejorara y tras no poder levantar de la cama al resto del personal, me he ido preparando para el plan del día, la isla de Gozo.
Después de un rato largo, ya que el cansancio empieza a hacer mella en todos y nos ha costado más arrancar, se ha unido a nosotros Ana y hemos tomado rumbo en dos coches hacia el ferry que nos llevaría a la isla.

Vistos los caminos por los que íbamos, no tenía todas conmigo de que fuéramos en la dirección correcta, ya que cuando llevábamos ya un rato de viaje nos encontrábamos en una carretera estrechísima en medio del campo que parecía no llevar a ninguna parte. Con lo que no contaba es con que los Davices tenían planeada una pequeña parada para enseñarnos Popeye’s village. Es un curioso pueblecito pesquero con casitas de colores donde se grabó la película de Popeye y que se ha convertido en un parque temático. Tras un par de fotos en el bonito pueblo, hemos retomado el camino hacia el ferry y, posiblemente condicionado por el tiempo y la resaca electoral, nada más llegar hemos subido y el barco ha zarpado.

Ciudadela en Victoria

Ciudadela en Victoria

Al poco de bajar, cuando íbamos dirección a visitar la capital Victoria, me he acordado de lo que los Davices y Ana me habían comentado que el tiempo en Malta cambia de un momento a otro. Para alegría de todos, comenzaba a abrir el cielo y ¡¡había parado de llover!!

En Victoria hemos dado un paseo por sus calles empedradas y visitado una pequeña iglesia que estaba abierta. En este país son muy católicos y tienen una iglesia en cada esquina, además es muy típico ver figuras de santos y vírgenes empotrados en las fachadas de algunas casas. Antes de ir a comer hemos descubierto un precioso rincón en lo alto de una terraza desde donde hemos podido hacer unas estupendas panorámicas.

Para no variar, hemos vuelto tarde a los coches para ir a la bahía donde hemos comido en Xlendi. Dado el buen día que se ha quedado y con el solecito que brillaba, hemos decidido sentarnos en la terraza del Ta’ Nona bar, a la orilla del mar, escuchando como rompían las olas. Lo primero que hemos hecho ha sido pedir unas cervecitas bien fresquitas y luego nos hemos decantado por comer algo típico de aquí, una especie de bocadillos con pan maltés llamados Ftiras. Han tardado bastante en servirnos, pero la espera se ha hecho bastante llevadera ya que tomando el solecito y charlando se pasa el tiempo volando.

Azure Window

Azure Window

Una vez llenas nuestras barriguitas, hemos decidido ir a visitar la Azure Window. Nos ha costado bastante llegar, ya que nos hemos perdido varias veces debido a que había varias calles cortadas por obras, dicen que lo bueno se hace esperar y ¡qué gran verdad! Nada más llegar hemos salido pitando del pequeño Mini, ya que el anochecer estaba cayendo en Azure Window. Una vez allí hemos podido deleitarnos con unas impresionantes vistas de los acantilados que quedarán grabadas en mi retina por mucho tiempo. Tras ver la puesta de sol, comenzaba a hacer fresquete por lo que optamos por volver a Sliema, ya que nos quedaba un largo recorrido para volver a casa y aún teníamos que coger el ferry. Los ferrys suelen salir cada media hora, pero tanto para ir a Gozo como para volver tuvimos suerte y nada más llegar embarcamos. Lo sorprendente fue que al llegar a recoger el coche no olía precisamente a mar, sino mucho peor, hasta que nos dimos cuenta de que con nosotros viajaba ¡un camión lleno de pollos! Símbolo de que los ferrys no hacen distinción entre llevar coches o camiones sino que todo lo que quepa en él es bienvenido.

Finalmente hemos llegado a casa. Al ser nuestra última noche en la isla queríamos ir a cenar al Piccolo Padre, que es un restaurante de comida italiana situado al borde del mar, pero estaba cerrado por el tema de las elecciones, así que hemos optado por ir a Peppi’s Restaurant, otro restaurante también situado a la orilla del mar, bastante recomendable, aunque algo caro para lo que es. Lo bueno es que tenían wifi gratis, suele ocurrir en casi todos los restaurantes de Malta. Tras esta comilona, bajamos la cena con un paseo de vuelta a casa y cerramos la noche con una buena cachimba preparada por el experto Vecino.

Y para concluir con este post, decir que esta experiencia no se podrá olvidar jamás, no sólo por la cantidad de lugares que hemos visitado sino también por toda la maravillosa gente que hemos conocido allí y sobre todo por el buen rollo que nos une, ya pueden pasar meses sin veros que el buen rollito no se pierde. ¡Davices se os echa de menos!

Barby y Laura

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