Día 149: Malta vista desde los ojos del Vecino

Día 149: Malta vista desde los ojos del Vecino

Corre el mes de agosto y mi buen amigo David (en plenas fiestas sorianas y con alguna copita de más) me dice que se va a Malta un año. Así, a la aventura. ¿Está loco? Es lo primero que se te viene a la cabeza. Y aquí me encuentro 7 meses después en este extraño país visitando a los “Davices”.

Malta, qué poquito sabía yo hasta entonces de Malta. A priori te vienen a la mente esas clases de geografía política de la E.S.O., el ingrediente de la cerveza y los festivales de Eurovisión en los que tantos países raros salen cantando (¿tantos países tiene Europa?). Pero a lo que voy. Resulta que desean narrar día a día lo que van haciendo en un blog. Así que me toca relataros mi primera toma de contacto con Malta.

Sábado, 7:30  de la mañana, suena el despertador y me quiero morir. ¿Qué demonios hago levantándome un sábado a estas horas? Como buen fiestero que soy el viernes salí a dar una pequeña vuelta hasta las 6 de la mañana… Así que con una horita y media de sueño, me ducho, me visto (¿?) y cojo el metro. Para colmo diluvia en la calle aunque me consuela saber que en Malta tendré un clima más… “mediterráneo”. Ya en el aeropuerto, con mis compañeras de visita Lauri, Barbi y Roci, y con algún que otro problema en el check-in de la T1 de barajas, me desmorona ver la cola que hay ya montada en la puerta de embarque del vuelo de Ryanair. Qué poquito me gusta esa aerolínea, pero que qué barata es.

Encontramos en la cola a César, otro aventurero “maltero”, del que ya nos habían avisado de que volaría a la vez que nosotros. Una vez embarcados y despegados, vemos como poco a poco van desapareciendo las nubes que tan amargada me habían hecho la semana. Agua por todas partes y no diferenciar por la ventanilla dónde acaba el mar y dónde empieza el cielo, bonitas sensaciones que van dando forma y color a este viaje. ¡Tierra a la vista! Divisamos lo que parece ser Malta. Sin ningún problema bajamos del avion y vemos el mini aeropuerto cosa que te deja entrever la magnitud de este país.

Los “Davices” se presentan en su mini-MINI, así que siendo nosotros cuatro y ellos dos, con un coche digno de ser comparado con un Micro-machine, alquilamos un coche por 50 euros para 3 días (baratisimos los coches de alquiler aquí), más la gasolina que la pagas por adelantado. Relaciono recoger el coche de alquiler con el comienzo de mi pequeños caos particular. Voy a entrar en el coche como todos lo haríamos pero… AMIGO, ¡es un coche con el volante a la derecha! ¿Pero qué es esto? Aquí en temas de circulación son como los ingleses:  TODO AL REVÉS. Así que no contento con ir de resaca a Malta, tengo que concentrarme en seguir al mini rojo y manejar el coche al contrario de como suelo hacerlo. ¿Porqué en este país no arreglan las carreteras? Por el amor de Dios, ¡que al menos pinten las líneas del suelo!

Con el equipaje en el maletero llegamos a Mdina (Medina castellanizando a los malteses), una pequeña fortaleza que se considera ciudad aquí en Malta. Muros de piedra enormes y antiguos cañones oxidados de grandes batallas navales que ha vivido esta isla. Nos llevan a comer a un pequeño restaurante en Mdina llamado “Fontanela” (bueno bonito y barato) con un gran mirador y unas vistas espectaculares. Comienzo a descubrir que a pesar de ser colonia inglesa durante muchos años, aquí hay mucha influencia italiana debido a su cercanía con el país de la bota. Por lo visto en Malta no hay restaurante que se precie que no oferte en su carta una gran variedad de pizzas y pasta.

Bonito rincón en Valletta

Bonito rincón en Valletta

Cogemos los coches con rumbo a Valleta, la capital. Día de elecciones generales en toda Malta. Todo apunta a que el Partido Laborista ganará y se cambiará de gobierno tras 25 años, pero habrá que esperar a mañana para descubrir el escrutinio. Plaza del ayuntamiento, más fortalezas de piedra, más cañones oxidados, y una gran campana, la cual rezo porque no suene estando yo cerca. Anochece más temprano de lo que imaginaba ya que aún estando muy al Este de mi querida España, hay el mismo horario que allí.

En una zona de pescadores al pie de un fuerte iluminado visitamos una pequeña cala y rápidamente echamos en falta una barbacoa y unas cervecitas para disfrutar más si cabe el momento.

El cansancio empieza a hacer mella en nosotros, pero nuestras ganas de disfrutar al 100% este viaje siguen venciendo. Visitamos por primera vez el pisito de los davices y cenamos pizzas caseras (nada que envidiar a las de los restaurantes). Nos acicalamos y comenzamos a “entonarnos” para salir de fiesta. A partir de aquí mis recuerdos empiezan a menguar vaso a vaso, chupito a chupito y copa a copa.

Solo sé que me invade una gran alegría por estar aquí y un cansancio acumulado que no sé cuando voy a recuperar.

Buenas noches y buena aventura.

Javi (El Vecino)

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